VENID A MÍ CUANDO ESTÉIS FATIGADOS Y AGOBIADOS.

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DE LOS QUE SON COMO NIÑOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.

miércoles, 26 de julio de 2017

"Seguir a Cristo, Aventura Apasionante."


Un testimonio conmovedor: Francisco Varela Figueroa.


Hay testimonios que dejan huellas, visitas que recibimos en nuestras clases que a nuestros/as alumnos les entusiasman, les abren puertas al compromiso con los/as demás, a dejarse interpelar por el mundo y replantearse sus actitudes en la vida.
Cuando conocimos al P. Francisco todos nos quedamos encantados, atraídos por la fuerza de su personalidad, por la ternura con la que explicaba los cambios en su vida, después de sentir la Llamada de Jesús, así con mayúsculas y su mensaje, igual a través del tiempo, de dejarlo todo y seguirlo. Y ese dejarlo todo en el caso de Francisco era mucho, un trabajo estupendo, después de muchos estudios, muchas cosas materiales y gente muy cercana a nivel personal a la que unía muchos vínculos afectivos. Nos contaba que, pese a todo, su vida estaba vacía de sentido, aunque llena de tantas cosas y necesitaba un empezar de nuevo, un ilusionarse con todo y un empuje hacia nuevos horizontes más eternos, más espirituales y así fue su búsqueda incansable en ese camino al sacerdocio, a ser pies fuertes y manos, cercanas y cálidas, de Jesús en este mundo que compartimos, tan malherido a veces y tan insensible al sufrimiento ajeno.
Vamos a conocer a través de esta entrevista que nos envió un poco más a esta gran persona, que ha sido un auténtico regalo de Dios para nosotros-as.


Francisco Javier Varela Figueroa, natural de Jerez de la Frontera, es párroco de Santa María de las Virtudes, Villamartín.
Tiene Estudios especializados en
Psicología en Universidad de Sevilla;
Experto en Terapia Sexual en Fundación Amara.
Experto en Creatividad y Valores en Francisco de Vitoria y Escuela de Pensamiento y Creatividad.
Experto en Terapia Cognitivo Conductual en UNED.
LICENCIADO EN ESTUDIOS ECLESIASTICOS en Universidad Pontificia de Salamanca.

Te queremos agradecer la entrevista que nos has enviado para conocerte mejor, la leeremos en clase, la comentaremos y la disfrutaremos. Gracias por abrirnos tu corazón, tu bondad tan inmensa y tu amistad, un Tesoro.



1. ¿Cómo era tu vida antes de ser sacerdote?
Desde muy pequeño, gracias a mi familia, estuve en mi parroquia trabajando y aprendiendo a amar al Señor, siempre hubo algo que me hacía sonreír cuando me decían que iba a ser sacerdote. Pero, los años van pasando y uno va cambiando, aunque ese raro deseo del sacerdocio siempre estuvo en mi interior.
A los quince años entré en un grupo de jóvenes católicos, pero era como un modo de agarrarme a mis ideas pasadas, porque a la vez que estaba en ese grupo, vivía una vida un poco desenfrenada: fiestas, salidas nocturnas y todo lo que a ellas va unido. Una vida normal de un joven de esa edad que ansía comerse el mundo y disfrutar cada minuto.
A los diecisiete años entré a formar parte de un movimiento católico que me fue centrando un poco, pero no dejaba de tener ese deseo interior que me arrastraba al mundo y a todo lo que en él había que me alejaba del Dios Amor que se me había mostrado en ese movimiento.
De vez en cuando aparecía esa rara sensación del sacerdocio, pero mi interior se resistía a ese futuro. Yo quería estudiar, ganar mucho dinero, vivir fiestas y sobresalir en mi profesión. Y el Señor me regaló lo que pedía, quizás para que me diera cuenta de lo equivocado que estaba al pedirlo.
Terminé mi carrera de Psicología, y comencé la primera de mis especialidades. Nada más terminar comencé a trabajar de psicólogo y, desde ese momento, toda mi vida laboral fe mejorando.
A los veintisiete años colaboraba en una consulta privada con una compañera teniendo mi propia cartera de clientes y trabajaba en una empresa nacional, en un equipo de la Junta de Andalucía, a la vez que colaboraba en un programa de radio y televisión local. Todo me iba viento en popa, incluso tenía mi casa comprada con motivo de una relación que se dirigía hacia el matrimonio, pero que no llegó a ese destino.
Todos mis deseos se iban viendo logrados y muy por encima de mis propias expectativas. Incluso, viéndolo desde el día de hoy, con mucho más de lo que necesitaba y que estaba convirtiéndome en alguien que yo no era. Aunque mi imagen era de una persona entregada, trabajadora, en mi corazón solo reinaba el deseo de tener, ascender, ganar dinero, ser alguien según los criterios del mundo. Y lo peor es que iba por muy buen camino para ello.



2. Tenías una vida cómoda, con buen sueldo y buena posición social. Pero a pesar de ello supiste seguir la llamada del Señor. ¿Cómo fue la historia?
Ya en el año 2000, hubo una señal más clara de mi vocación, en Roma, escuchando las palabras del Santo Padre Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Juventud. Cuando regresé, comencé a trabajar apostólicamente con los Padres Mercedarios. Ese fue el periodo que el Señor eligió para ir pidiéndome más y aumentar esa inquietud que siempre estuvo en mi interior, aunque yo seguía queriendo eliminarla.

En ese trance se encontraba mi vida, en silencio, pues no quería alarmar a mi familia, cuando asistí a la Novena de Nuestra Madre de la Merced, patrona de Jerez, y una frase del predicador de ese año se me clavó en el corazón: Quiero hombres valientes que se entreguen por la misericordia de mi Hijo.

No fue fácil, como tampoco fue fácil encajarlo en la familia, amigos y compañeros, pero Cristo va regalando amor por donde pasa y siempre recompensa con el ciento por uno.
 En ese mismo mes de septiembre lo dije en casa y comencé mi camino vocacional.
Fueron 6 años de formación hasta mi ordenación sacerdotal en Jerez de la Frontera, mi tierra, de manos de D. José Mazuelos, nuestro Obispo. El fue quien me ordenó como sacerdote y quien me recibió en la Diócesis cuando me di cuenta que mi camino no era el de la vida religiosa, que ese lugar no era el que el Señor quería para mi santidad.
Desde ese momento, año 2011, soy sacerdote en esta Diócesis y trabajo feliz, tremendamente feliz, en la Parroquia de Santa María de las Virtudes, de Villamartín, en la que actualmente sirvo como párroco.

3. El Señor sabe hacer milagros en nuestra vida, con poco le basta. ¿Qué significa para ti el seguimiento del Señor desde este sí comprometido que le diste?

El seguimiento de Cristo, para mí, es una respuesta de amor a quien sabes que te llama para dártelo todo. Seguir a Cristo es una aventura apasionante donde no pasa ni un día en el que no aprendas algo nuevo, tanto de ti como de todo lo que te rodea. Muchos pensarán que es un camino cómodo, sin letras, sin hipotecas, sin preocupaciones de ese tipo, pero se equivocan. Es una vida de entrega y de la entrega que Cristo pide en el Evangelio: amaos como Yo os he amado.
 Eso es seguir a Cristo para mí, olvidarme de lo que fui, de lo que soy y pensar en ser "otro Cristo", esforzarme por imitar al Maestro cada día, porque la única forma de ser un buen sacerdote es siendo un santo sacerdote, como me recordaban mi madre y amigos cada vez que hablaba con ellos en mi tiempo de formación: ¡O Santo, o para casa!

Ahora vivo sin las pretensiones de dinero, fama y honor que tenía. Vivo habiendo regalado todo lo que conseguí trabajando antes de irme a seguir el camino marcado por Cristo, pero, aun habiendo renunciado a mi carrera como psicólogo, mis trabajos y sueldos, que según el mundo me tenía que hacer feliz, es ahora cuando soy realmente FELIZ, es ahora cuando soy libre y no necesito todo lo que esclavizaba mi corazón.
Seguramente, muchos podrán pensar que estoy loco, que cómo alguien puede renunciar a todo a fondo perdido en el momento en el que ve que sus sueños se cumplen. Pues sí, estoy loco por mi sacerdocio, estoy loco por entregarme en un mundo en el que Cristo cada vez es más necesario y yo, quiero ser uno de esos valientes que luchan por la misericordia de Cristo que pedía la Virgen en la homilía que me hizo lanzarme a este camino de grandes locos que saben vivir de verdad.

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